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jueves, 28 de junio de 2012

Los monstruos marinos en las aventuras de nuestros tebeos

Las aguas se agitan inusualmente, y lo que parece ser una tormenta cuando el cielo está en calma, resulta ser…

¿Qué idea actual tenemos de un monstruo marino? ¿Qué idea tenían en las distintas épocas de nuestros héroes, Trueno, El Corsario, El Jabato…?

Cuando yo era adolescente, a primeros de los ochenta, paseando por una gran avenida barcelonesa, acerté a pasar por un concesionario de coches usados. Vi en el escaparate un Alfa Romeo Montreal negro, el único que he visto en mi vida, y me pareció grande, gigantesco. Un coche que, metro en mano, superaba los cuatro metros de largo por una cuarta. Hoy en día, eso equivale a la longitud de un VW Golf… Pero en aquel instante, España estaba plagada de coches sesenteros y setenteros que apenas rozaban los tres y medio de largo. ¿Se me sigue? Cuando la referencia para algo es pequeña, cualquier cosa inusual parece grande.

Vivimos tiempos difíciles, y para mantener nuestras libertades es muy importante pensar por uno mismo, así que no voy a hablar de nada. Voy a limitarme, simplemente, a ofrecer datos, y que cada cual saque sus conclusiones.

Lo primero, asentemos las bases de lo que es un barco.

Proa = parte delantera
Popa = parte trasera
Eslora = longitud
Manga = ancho
Borda = zona que asoma por encima desagua
Calado = Parte sumergida del barco
Babor = izquierda
Estribor = derecha

El barco más grande de la Edad Media era el dromón bizantino, un navío de guerra heredero directo del trirreme romano, y medía entre 30 y 50 metros de eslora y 5-7 metros de manga.

El barco de carga típico medieval podía ser la carraca. Las había de muchos tamaños, según la carga que llevase, pero su proporción eslora/manga era de 3 a 1, por lo que si tenía, por ejemplo, 5 metros de ancho, es que medía 15 de largo.

Los drakkar vikingos, terror de los mares en la época, eran largos y muy estrechos, y sus dimensiones oscilaban dependiendo de su categoría, pero un snekkja mediría 23 metros de largo por 5 de ancho. Es conocido que navíos escandinavos remontaron el Sena llegando hasta París, por lo que seguramente eran más pequeños.

Excepcionalmente, los enormes juncos chinos de primeros del S. XV llegaban a medir hasta 140 metros de longitud, teniendo entre 5 y 7 palos, pero lo habitual es que un junco grande alcanzara unos 35.

Los piratas berberiscos usaban galeazas, del árabe jaliya ‘azza, que significa “galea poderosa”. La galea sería un antecesor de las galeras cristianas, y de un tamaño parecido.

Retrocediendo en el tiempo, las galeras romanas, no siendo algunas específicas que deberían de ser considerados buques insignia, también medían unos 15 metros de eslora. Las egipcias y griegas, en cambio, eran más grandes dependiendo del número de hileras de remos; una pentecontera mediría 38 metros de eslora, una triacontera 22, y una de veinte remeros, de nuevo 15 metros. Estos barcos podrían remontar el Nilo, el río más grande de la antigüedad. Ninguna tenía las bordas demasiado altas.

Los nabateos usarían dhows de vela triangular, desde entonces conocida como latina, para moverse por el Océano Índico y traer a occidente singulares productos desde Malaca y más allá. Para viajes cortos, 11 metros de eslora y 3,5 de manga bastaban. Para los más largos, el doble. Eran barcos planos, por lo que sus bordas no eran altas.

Un trirreme romano, el típico que aparece en un combate naval de El Jabato, mediría 36 metros de eslora y 5 de manga. Los barcos mercantes de la época serían algo más grandes y anchos. Los romanos se basaron en los bajeles cartagineses para fundar su marina de guerra, por lo que cabe entender que los barcos de Cartago medirían parecido.

Hay que tener en cuenta que las bordas de todos estos tipos de barcos, no siendo los de guerra, eran bajas, hasta de un metro por encima del ras del agua.

Un barco velero para recreo, actualmente, mide hasta 12 metros de eslora. En España hay títulos de patrón de barco de hasta 6 m., el conocido como “titulín”. Los hay hasta 8, 12, 20 metros… y siempre vinculados a la distancia máxima a la costa hasta la que se puede navegar.

Ya nos hemos situado más que de sobra en el tamaño de los barcos que surcaban los mares conocidos desde antes de Cristo hasta la tercera cruzada. Hablemos ahora de animales…

Hay muchos tipos de ballenas, pero un adulto normalito puede medir 15-17 metros, pero las hay de hasta 24 m. y setenta toneladas.

El tiburón ballena habita los mares tropicales, por lo que los árabes, hindúes y chinos lo conocerían, y puede llegar a medir hasta 18 metros de largo. 14 es lo normal, y por supuesto, los hay más pequeños, pero no es fácil que midan menos de 5 metros. Es el pez más grande del planeta.

El tiburón tigre, también subtropical, mide hasta 9 metros de longitud. El tiburón blanco, que sí se ve en Europa y el Mediterráneo, mide entre 4 y 7 metros. Por cierto, que la voz “tiburón” es de origen caribeño; en la Edad Media, en España eran conocidos como jaquetones.

El pez martillo se ve en las costas de casi toda África, llegando a medir hasta 6 metros.

La manta raya puede tener una envergadura de hasta 8 metros y medio, pesar 1500 kilos y, efectivamente, realizan saltos fuera del agua.

La orca se da por todo el mundo, llegando a medir 10 m. Su aleta dorsal puede medir 1,5. Pesan 5 toneladas, y sí, también saltan, y bastante…

El pulpo gigante mide hasta 9 metros. Hay que tener en cuenta que el arbolado de algunos barcos no superaba los cinco. Sucede, no obstante, que estos invertebrados se dan en aguas muy frías, y sólo los chinos los conocerían.

Los calamares gigantes llevan siendo vistos en aguas escandinavas desde muy antiguo, y se sabe que alcanzan tamaños normales de hasta 13 m. En aguas del Pacífico han sido encontrados no hace tanto especies de 25 metros de longitud…

El cocodrilo del Nilo tiene una talla media de 5 metros de longitud.

Imaginemos un Cadillac Fleetwood del 78 aparcado; ahora, pongamos un cocodrilo del Nilo a su lado. Impresionante…

Imaginemos que navegamos en un barco de 12 metros de eslora y metro y medio de borda, y de repente se nos acerca un tiburón cualquiera, corrientito. Vemos asomar por encima del agua una aleta dorsal de, pongamos, medio metro, a sólo un par de metros por encima del ras. Dramático…

¿Ya nos hacemos a la idea de lo que es un monstruo marino?

Como colofón, un poco al margen pero también al hilo de la cuestión. Yo tengo una estatura de 1,78 metros, y cada vez que me han presentado a algún jugador de fútbol profesional (por ejemplo, yo, que vivo en el entorno de Valladolid, conocí a Caminero, Harold Lozano, Sandy…) me impresionaban por su altura, que no sería diez centímetros mayor que la mía. Hablo de fútbol, ya ni siquiera de baloncesto, porque, si un árabe del año 1100 medía, pongamos, 1,55 metros, y se topaba con un Fernando Romay, ¿qué significaba?

Que había encontrado un gigante.

Luis Antonio Ródenas

miércoles, 4 de enero de 2012

EL CAPITÁN TRUENO Y LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS

Artículo de Edúgar. Edúgar es un nuevo colaborador de nuestro Blog. Los lectores podrán estar o no de acuerdo con sus opiniones, y si lo desean pueden manifestarlo en sus comentarios. Agradecemos su colaboración.
Ebravor



EL CAPITÁN TRUENO Y LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS
Por Edúgar
AHORA EMPIEZO A vislumbrar algo de cordura en este grupo. Ya iba siendo hora de que nos percatásemos de que Trueno ya no existe... fuera de nosotros. Desde luego, Trueno continuará viviendo en nuestra memoria mientras perdure alguno de quienes lo leyeron, pero de ahí no pasará esta historia. En el mejor de los casos,Trueno, como Diego Valor antes, pasará a ocupar un rincón de nuestro de desván. Esto es inevitable.
Y la culpa no está centrada en una editorial, porque ¿qué más hubiera querido Ediciones B sino que "Trueno Color" se hubiese impuesto con éxito en el mercado editorial? Seamos sensatos: al interrumpir la publicación de los tomos, ¿acaso fue porque su deficiencia mental le obligó a dejar pasar ante sus ojos la posibilidad de obtener una sustanciosa ganancia si esta hubiese sido posible? Pero la realidad se impuso: Trueno Color no se vendía. Trueno ya no cabía entre los nuevos españoles. Y no porque fuese víctima de un censor franquista ni de la espuria ambición de un empresario.
La culpa de todo está muy distribuida, aunque focalizada a un solo punto: el Capitán Trueno nació en España. Trueno era español, un país pequeño y económicamente débil. Ése fue su gran error y defecto. Entre tanto, mientras Trueno iba muriendo en el corazón de los españoles, seres extraños de otro mundo: mutantes, malformes y asesinos, empezaron a acaparar las estanterías de nuestros quioscos y el telón de nuestras pantallas. ¿Cómo se explica esto? Por el tiempo, no, porque Batman, por ejemplo, es más antiguo que Trueno. ¿Entonces...?
España es un país colonizado por seres del mundo anglosajón, mundo que ha venido no solo a sustituir nuestros belenes por un abeto, a nuestros Reyes Magos por un obeso Papá Noel y nuestra Noche de Difuntos por un Halloween, sino también a borrar de nuestros corazones a nuestros héroes más genuinos: Trueno, el Guerrero del Antifaz, Roberto Alcázar... La potente maquinaria mercantil y propagandística norteamericana ha desbancado inexorablemente todos nuestros mitos, para sustituirlos por los propios: el jinete sin cabeza, Kit Carson, Toro Sentado, G. A. Custer, Billy el Niño, etc. son más conocidos que los amantes de Teruel, Don Juan Tenorio, Luis Candelas o el general Prim, por citar unos ejemplos improvisados.
¿Qué joven ha comprado un número del Capitán Trueno Color o una entrega de Roberto Alcázar? Mi quiosquero me ha dicho que ninguno, que todos sus clientes eran personas como yo, o sea, gente con más de 50 tacos encima. Una última prueba de nuestra ruina cultural: ¿qué joven emplea la palabra "tebeo"? Ninguno. Todos dicen dicen: "cómic", incluso gente mayor que los mencionados.
En ocasiones, cuando se me ha preguntado qué hago yo en algunos grupos como este nuestro, de inmediato me he sentido como hubo de hacerlo uno de aquellos héroes nuestros de finales del siglo XIX en la defensa de la iglesia de San Luis de Baler, en Filipinas. Porque, querámoslo o no: ¡somos los últimos de Filipinas!
Edúgar.

martes, 13 de diciembre de 2011

¡A sangre y fuego!

Interesantísimo artículo del amigo y miembro del foro "El Capitán Trueno y sus amigos" Donato Santiago García, en el que hace un repaso detallado a un gran número de publicaciones que han ostentado tan característico título, emblemático por otra parte para todo truenófilo que se precie, por razones que huelga decir.

Pinchando sobre la imagen podréis disfrutar del mismo:

domingo, 30 de octubre de 2011

Españoles en las cruzadas

Interesantísimo artículo de Pedro García Luaces, donde expone la más que probable intervención de muchos caballeros y nobles oriundos de los diferentes reinos hispanos existentes durante el Medievo, en las famosas y diversas expediciones militares a Oriente Próximo que se conocieron como Las Cruzadas:







Rodrigo González de Girón, Golfer de las Torres, Guillermo Cardona, Ramiro Sánchez de Navarra, Guillermo Jordán, Pedro de Moncada...

Se ha estrenado la película El capitán Trueno con más pena que gloria, pese a contar con una prometedora trama que sitúa al héroe del tebeo español en Palestina, en tiempos de la Tercera
Cruzada. Los amantes del cómic han visto guerrear al capitán junto al sultán Saladino y Ricardo Corazón de León sin necesidad de preguntarse por su rigor histórico pero, ¿combatieron realmente los españoles en las cruzadas?
Corría el año 1095 y correspondía clausurar el Concilio de Clermont. El papa Urbano II se dirigió a la muchedumbre: “Turcos, persas, árabes y agarenos han invadido Antioquía, Nicea e incluso Jerusalén, que guarda el sepulcro de Cristo (…) Dueños absolutos de Palestina y de Siria, han destruido las basílicas e inmolado a los cristianos como si fueran animales”.
Urbano II apelaba a la unidad de la cristiandad respondiendo a la llamada de auxilio del emperador de Bizancio, Alejo I, que había asistido impotente a la expansión mahometana, consumada en la invasión de Jerusalén en 1076. “¿A quién corresponde vengar estas injurias y recobrar estas tierras sino a vosotros? Tomad el camino del Santo Sepulcro, arrancad aquellos lugares del poder de esa raza maldita y ponedlos bajo vuestro dominio”. Y citó a san Mateo: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”.
Los nobles enardecidos, ya arrancaban jirones de tela roja pegándolos en forma de cruz a su pecho cuando Urbano II cerró su discurso con el que habría de ser el grito de guerra de los cruzados: “¡Dios lo quiere!”.
Son muchos los historiadores que han excluido a nuestra nación de aquella “carga hacia Dios” – en palabras de G.K. Chesterton – que fueron las cruzadas, bajo el honroso pretexto de que nuestros reyes tenían ya suficiente con frenar las acometidas sarracenas que llegaban del norte de África. Bien es cierto que nuestro país carece de campeones de la talla de Godofredo de Bouillon o Ricardo Corazón de León, pero nuestras crónicas de ultramar recogen episodios notables de cruzados españoles que respondieron a aquella llamada con valor y entusiasmo militar, dejando bien alto el pabellón español en los Santos Lugares. No en vano, nuestros caballeros acudían endurecidos por dos siglos de heroica resistencia y acostumbrados a vivir en permanente hostilidad.

“Estos no huirán por ninguna manera”

Uno de los primeros caballeros en preparar su marcha a Palestina fue el conde Tolosa, don Ramón de Saint Gilles, que había combatido en Castilla y Andalucía junto al rey Alfonso VI, casando después con su hija doña Elvira. Don Ramón comandaba a los franceses del sur, formando un ejército de unos cien mil hombres poblado de catalanes y otros vasallos españoles que participaron en el sitio de Nicea y la famosa batalla de Antioquía.
Cuentan que al final de esta batalla, recontando las tropas que salían invictas, se fijó el príncipe bizantino Colomán en un grupo de unos siete mil españoles, preguntando por ellos a su privado Amegdelis, que le respondió que aquellos eran “muy buenos caballeros” que habían guerreado en España y le advirtió que “aunque otros huyan del campo, estos no huirán por ninguna manera” y antes querrán “morir en servicio de Dios que tornar sus cabezas para huir”. Así era la fama de los españoles en Tierra Santa y así lo entendió el príncipe, que prefirió marchar de allí antes que esperar a tropas tan esforzadas y aguerridas, según nos cuenta Martín Fernández de Navarrete.
Conocemos la historia del conde don Rodrigo González de Girón, que dejó su cargo de gobernador de Toledo por desavenencias con Alfonso VII el Emperador y marchó a Jerusalén, distinguiéndose en muchas batallas y fortificándose en el castillo de Torón, frente a la ciudad hebrea de Ascalón, que resultó inexpugnable hasta que se lo cedió a la Orden del Temple regresando después a España.
Uno de los cruzados españoles más sobresalientes fue el caballero Golfer de las Torres, que protagonizó un heroico lance durante el cerco de Antioquía al defender un puente contra cinco sarracenos, matando a tres de ellos y robando sus cinco caballos, un hecho que inició una sangrienta batalla a las puertas de la ciudad que terminó con más de mil bajas entre los musulmanes.
Las crónicas de ultramar citan al infante Ramiro Sánchez de Navarra, hijo del rey don Sancho, que participó en el asalto a Jerusalén en la Primera Cruzada con el capitán Saturnino Lasterra al mando de sus tropas. Godofredo de Bouillon quiso premiar su valor regalándole una talla de la Virgen junto a una porción de tierra del Santo Sepulcro y un fragmento de la Vera Cruz, reliquias que se conservan en la Iglesia de Santa María de la Piscina, en La Rioja, que ordenó levantar el infante en su testamento.
Nombres tan significativos como Don Guillermo Jordán, conde de Cerdaña, que participó en la toma de Tortosa y el asedio a Trípoli, el conde de Barcelona Berenguer Ramón II o el cardenal Pelagio de León, que tuvo gran protagonismo en la Quinta Cruzada, nutren nuestra historia en ultramar junto a otros menos conocidos como los templarios españoles Guillermo Cardona y Pedro de Moncada.
Unos y otros ejemplifican el entusiasmo de nuestros caballeros por defender los Santos Lugares, hasta el punto de que los propios monarcas europeos y la jerarquía católica tuvieron que frenar aquel ímpetu concediendo idénticas bulas e indulgencias a los caballeros que guerreaban en España, convirtiendo así la Reconquista en la gran cruzada de Occidente.

Indulgencias españolas

Desde el siglo XII, la guerra en España ocupaba tanta atención en los concilios católicos como la que se libraba en los Santos Lugares y numerosas campañas españolas vinieron precedidas de una llamada a la cristiandad, como ocurrió en la toma de Zaragoza (1118) a cargo de Alfonso I el Batallador. El Papa Gelasio II resolvió en el Concilio de Tolosa que concedería indulgencia plenaria y remisión de sus pecados a cuantos muriesen en aquella empresa o perseverasen en ella hasta concluirla. Idéntica dispensa obtuvo Alfonso VIII de Castilla en la legendaria Batalla de las Navas de Tolosa y otras tantas conseguirían Fernando III el Santo en su conquista de Sevilla y Jaime I el Conquistador en Mallorca y en Valencia. El rey aragonés llegó a embarcarse para partir a ultramar y participar también en la cruzada palestina pero una tempestad hundió parte de su flota obligándole a regresar.

miércoles, 26 de octubre de 2011

"Absurdia": Un artículo en euskera del Capitán Trueno

El artículo que hoy presentamos en "El Sonido del Trueno", firmado por Roberto Moso, fue publicado originalmente en euskera el pasado domingo 23 de octubre en el rotativo vasco "El Correo"... La nota curiosa del mismo radica en que es un texto en idioma vascuence, algo por otra parte poco habitual en los contenidos del diario, ya que la gran mayoría de estos se redacta en lengua castellana, y además está dedicado precisamente al Capitán Trueno, aunque asímismo se extiende, con relación directa a dicho personaje, a otros temas de rabiosa actualidad.



Esta es la traducción al castellano:

Querido Capitán Trueno: Estos días he sabido que tus vivencias aparecerán en una película. A decir verdad, no esperaba verte de nuevo entre nosotros.
Como con todo lo que he disfrutado de pequeño, sé que no se podría repetir lo que viví con tus aventuras.
Cada viñeta, era un pequeño dibujo que hacía perder la imaginación por largo tiempo, tal y como sólo se puede perder durante la niñez.
Más tarde, de mayor, me he acordado muchas veces de ti, intentando adivinar en qué se podía basar tu éxito.
Seguramente, resumías los sueños de muchos adolescentes: aventuras alrededor de todo el mundo, siempre acompañado de tus 2 fieles amigos, los que nunca te dejarían solo, fuertes disputas en favor de la justicia (aunque esto puede que no haya sido del todo confesable), novia guapa y atrevida, que está esperándote en un castillo de Suecia.
Te vi en diferentes lugares del mundo, dando palizas a muchos rufianes y tiranos.Pero por alguna razón que no sé, la aventura tuya que más recuerdo es la acaecida n "Absurdia la Fantástica".
En Absurdia todo se hacía al reves. La gente comía debajo de la mesa y dormía debajo de la cama, los árboles hablaban y los bueyes utilizaban a los hombres para arar la tierra.
Un estúpido tirano estaba empeñado en poner todo patas arriba en su loco territorio, y como no, Goliat, Crispín y tú os engargasteis de volver a poner las cosas en su sitio (¡qué necesarios seríais hoy en día también!).
Mira, mi Capitán, en la época en la que leía tus pasajes, no podía ni imaginarmelo, pero por desgracia, últimamente me parece que vivo en Absurdia.
En mi mundo de hoy, se construyen aeropuertos e infraestructuras gigantescas, sin saber si quiera si alguien los va a utilizar. El medioambiente y el desarrollo duradero está en boca de todos los políticos, pero luego ahí están autovías y lineas de tren que no se usan y que convierten el paisaje en cemento.
Estos días, el partido comunista está celebrando su asamblea general en China, es decir, el mayor partido comunista que ostesta el poder. Mientras tanto los chinos se adueñan del Mercado por medio de un capitalismo salvaje, donde los sindicatos o los derechos de los trabajadores son mera ciencia ficción.
En nuestra Absurdia de hoy en día, los ejecutivos de los grandes bancos, multiplican sus beneficios, y mientras tanto cada día hay 3 vascos sin poder pagar su hipoteca, mientrás les echan de sus casas.
Gracias al dichoso TDT tenemos un montón de canales en nuestro mando, para poder ver eso si 3 veces más que antes tanto el futbol, como las noticias del corazón,y como a las pitonisas de turno.
Me da vergüenza recordarlo, pero cada año mueren 25.000 personas víctimas del hambre y la pobreza. Y mientras tanto en los países ricos nos resulta imposible llegar a ese 0,07% para ayudar a evitar estas situaciones.
Doy las gracias, Capitán de mi corazón, a que algunas figuras venidas de Absurdia han debido de desaparecer para siempre.
Ese lamentable escenario de las declaraciones de ETA, que nos colocaba una y otra vez en la década de los 60, quedará para los documentales.
Por pura casualidad, desaparecerá justo al mismo tiempo que otro rastro absurdo del pasado: el Coronel Gadafi.
A decir verdad, amigo Trueno, muchas veces me pregunto a mi mismo , si fuera de tus tebeos no existirá una Absurdia real.

martes, 18 de octubre de 2011

Aquel héroe de nuestra infancia

Magnífico artículo de Pedro A. Gónzalez Moreno dedicado al Capitán Trueno:



 Tiempos que no son de silencio, como escribió Martín Santos, sino más bien de ruido y confusión, en los que la sombra rapaz de los banqueros planea sobre nuestros bolsillos, en los que los políticos se afanan en ofrecernos su perfil más fotogénico y donde los intelectuales, en el mejor de los casos, andan instalados en el aurea mediocritas del funcionariado. Y mientras tanto, a pie de calle, la gente anda distraída con el fútbol, los culebrones y las tertulias televisivas, o con las añagazas de las nuevas tecnologías y los bodorrios de alto abolengo.

   Tal vez nos encontremos, como ya diagnosticó Unamuno para la sociedad de su época, en una nueva situación de marasmo, con el agravante de que ahora, un siglo después, el nuestro no es sólo un “páramo espiritual” sino también un páramo económico y un tiempo sin líderes culturales, sin referentes intelectuales, y lo que es aún peor, sin referentes morales.

   Pero el nuestro es, por encima de todo, un tiempo sin héroes.

  Para los que vivimos una infancia (ya demasiado lejana) de pan con chocolate y alguna que otra cata de aceite, y teníamos como único horizonte los dorados paisajes de las eras, los cómics fueron una ventana abierta al mundo de la fantasía, una vidriera multicolor en tiempos que, televisivamente, eran de blanco y negro todavía. A través de las viñetas del cómic, allá por los remotos 60, entrábamos en el reino mágico de la evasión y la aventura. Y entre aquellos cómics de entonces, el personaje del Capitán Trueno conserva un lugar privilegiado en nuestra memoria. También, a ratos, leíamos aquellas novelitas del oeste que comprábamos por dos reales en el kiosko de nuestro pueblo, y alternábamos esas lecturas con otras novelas, más serias y más caras, que alimentaban igualmente nuestras ansias de aventura: las de Julio Verne o las de Zane Grey, las de Emilio Salgari o incluso las de Richmal Crompton.

  Pero los tebeos del Capitán Trueno tenían siempre un color y un sabor diferentes. Aquel personaje melenudo y valiente, junto con su exótica y rubia compañera Sigrid, princesa de Thule, o aquel gigantón tuerto llamado Goliat y el joven Crispín, eran para nosotros una especie de familia, extraña y aventurera, con la que viajábamos por lugares desconocidos y por unos tiempos, los de la Edad Media, que estaban llenos de misterio, y de leyendas. Junto a ellos, sobre su globo aerostático, viajamos por el mundo, igual que viajamos también por los mares de Salgari, por las praderas de Karl May o por las islas de Stevenson.

   Aquellos guiones de Víctor Mora y aquellos dibujos de Ambrós, editados por Bruguera, que nos sumergían en un fabuloso tiempo de Cruzadas, supieron transmitirnos un raro espíritu de lucha por los más nobles ideales, ésos que después pudimos sentir de nuevo leyendo El Quijote. Porque el Capitán Trueno, arquetipo del caballero andante medieval, era como una reencarnación pura, aunque sin locuras ni parodias deformantes, del más ingenioso hidalgo que vieron los siglos. La figura del Capitán Trueno, cuyo ideal caballeresco se basaba en la valentía, en la libertad y en la justicia, en la defensa de los débiles y de los oprimidos, quizá nos ayudó, más tarde, a comprender mejor al personaje cervantino.

   En aquellos oscuros años de la dictadura, la lucha del Capitán Trueno contra la opresión y la tiranía encerraba un mensaje que nosotros aún no sabíamos captar, pero que motivó, de hecho, que esos tebeos hubieran de librar también duras batallas contra la censura franquista. Sin embargo, de una manera inconsciente, en aquella lucha y con aquellos ideales, como después también con los del buen hidalgo manchego, nos identificabámos todos los niños de entonces.

 El hecho de que ahora el Capitán Trueno haya sido llevado a la gran pantalla, bajo la dirección del cineasta Antonio Hernández, al margen de sus valores cinematográficos es un gesto digno, por sí solo, del mayor respeto y alabanza, porque con ello adquiere carne y realidad uno de esos héroes que pertenecen al imaginario colectivo de nuestra infancia y de nuestra cultura.

   Frente a Superman, Spiderman, Batman y otros superhéroes que nos llegaron de fuera, la mayoría de ellos dotados de maravillosos poderes, el Capitán Trueno aparece como un héroe más verosímil, más humano, un personaje dotado con esa sobriedad de los héroes castellanos, con esa misma sobriedad que también caracterizó al más emblemático de nuestros héroes épicos, el Cid, que para llegar al mundo del celuloide tuvo que esperar a la iniciativa de la poderosa industria americana.

   Por ello, tan sólo el gesto de que desde dentro de nuestro país se pretenda reivindicar para el cine a nuestros propios héroes, reales o de ficción, ya es razón suficiente para que Capitán Trueno y el Santo Grial sea valorado positivamente. Pero además, su localización en escenarios, tan espectaculares y tan nuestros, como el Castillo de Calatrava la Nueva o las Lagunas de Ruidera, no podían sino aproximarnos un poco más la figura de este personaje y realzar más aún, si cabe, su halo quijotesco.

   Vivimos tiempos funestos donde parecen haberse perdido de vista los valores más positivos, nobles y esenciales del ser humano, pero la recuperación de personajes como el Capitán Trueno viene a recordarnos, por un lado, aquellos inolvidables ratos de nuestra infancia lectora, y nos hace creer de nuevo en la magia de la aventura; pero, por encima de todo, nos viene a recordar que los utópicos ideales de libertad y de justicia continúan siendo posibles todavía.

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