martes, 6 de diciembre de 2011

El James Bond de Bruguera

En las postrimerías de 1984, una ya moribunda Editorial Bruguera encauza la que puede ser su última iniciativa seria en el reducido pero no por ello poco competitivo mercado español de comics, tebeos y revistas, con objeto de mantener en el mismo el mísero hueco que aún le queda por aquel entonces. La preeminencia casi total de Planeta, que bajo su sello Forum publica un número cada vez mayor de colecciones de superhéroes Marvel, la incipiente Ediciones Zinco, que lanza unas primeras series realmente interesantes del Universo DC, y la aún presencia de las denominadas revistas para adultos (Cimoc, Zona 84,…), obligan a Bruguera, ya sumida en terribles problemas económicos, a gastar unos postreros y desesperados cartuchos que permitan atraer de nuevo el interés de un lector que, a excepción de personajes fetiche como Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape y derivados, de modo casi definitivo le ha dado la espalda.


Así, a finales de ese año Bruguera irrumpe en el mercado con una nueva línea de tebeos que con el título genérico de “Comics Bruguera” pretende aportar su granito de arena, imperioso por otra parte para la editorial, en un formato que cada vez goza de más favor entre el público afín a esas publicaciones (sobre todo el más joven): el comic-book, o dicho de otro modo, el tebeo que consta de un número determinado de páginas dedicadas en exclusiva (o casi) a un solo personaje.

La editorial edita en principio cinco títulos que abarcan casi todos los géneros preferentes –o al menos consideran sus responsables que lo son- en ese momento entre los lectores: “Manos, Guerrero Indómito” (espada y brujería), “Buffalo Bill” (western), “Jan Europa” (fantástico), “Tex Norton” (acción ) y “Alucine” (suspense y terror).

Estos cómics, a excepción de “Jan Europa”, procedían de la editorial alemana Bastei Verlag, que suministraba el material a Bruguera a través de agencia, aunque frecuentemente las historias que contenían eran complementadas con otras procedentes del fondo de la malograda editorial barcelonesa; originalmente publicadas en blanco y negro, Bruguera las manipuló en su edición española haciendo uso de su nefasto sistema mecánico de color, lo cual no hizo otra cosa que empobrecer aún más la ya de por sí escasísima calidad de estos tebeos.

“Jan Europa” sí fue una aportación de la propia Bruguera. Se trataba de una creación del historietista Edmond para la revista “Mortadelo” en 1979 y que la editorial recuperó para esta nueva línea de cómics. En 2009 Glénat lo rescató del olvido a través de una nueva, íntegra y cuidada (pero también criticada) edición en blanco y negro y tapa dura.

La periodicidad de estos comics varió en función de la supuesta popularidad que debían alcanzar entre los lectores. De este modo, se le dio a “Manos”, un pastiche descaradísimo de Conan (llegando incluso sus autores a copiar literalmente viñetas de la versión de John Buscema del cimmerio), periodicidad semanal, por eso de estar en boga la espada y brujería; “Alucine”, “Tex Norton” y “Buffalo Bill” fueron quincenales, y “Jan Europa” mensual.

Lo más destacable de estos cómics, mediocres en líneas generales, fueron sin lugar a dudas las portadas, en la mayoría de las cuales tuvo mucho que ver el buen hacer del portadista oficial de la casa, Antonio Bernal, quien imprimió su talento en unas publicaciones a las que el lector se sentía irremediablemente atraído… Las cubiertas de “Manos”, “Alucine” y “Buffalo Bill” principalmente, fueron el verdadero acicate de unos tebeos cuyo contenido estaba a años luz de aquellas.

La duración de estas colecciones no fue muy prolongada. La evidente mediocridad de estas, pero sobre todo los mencionados problemas económicos de Bruguera, la cual con casi total seguridad padecería serias dificultades para conseguir los originales, provocó la cancelación de todas ellas de modo casi simultáneo; “Buffalo Bill”, “Alucine” y “Tex Norton” concluyeron en el número 11, en marzo de 1985. “Jan Europa” lo haría en el 10, un mes más tarde, y “Manos” cerraba también en abril en el número 23.

En mi caso particular, sólo las series de “Manos” y “Buffalo Bill” me inspiraron un cierto seguimiento… En aquellos tiempos el personaje de Conan estaba presente de un modo más o menos constante en mis lecturas, de modo que la curiosidad por esta copia tan innegable del cimmerio resultaba más que evidente , y el comprar un tebeo de “Buffalo Bill” suponía asimismo una acción del todo lógica, dada mi sempiterna afición al “western”.

Sin embargo, este frustrado pero curioso experimento de Bruguera aspiraría unos meses después de dar inicio, y antes de su definitiva cancelación, a una tímida expansión a través de un personaje muy conocido en casi todo el mundo y que por aquel entonces ya ejercía sobre el autor de estas líneas una considerable fascinación: James Bond, y fue precisamente en un tebeo de Bruguera de “Buffalo Bill” donde descubrí el lanzamiento de la serie dedicada al mismo.

Tras el disfrute en cine en 1983 de “Nunca digas nunca jamás”, protagonizada por Sean Connery –y curiosamente siendo una película “no oficial” de Bond- se puede decir que el agente secreto más famoso del mundo se asentó de modo definitivo entre mis personajes favoritos… Es por ello que, cuando vi en la contraportada de aquel ejemplar de “Buffalo Bill” (casi con toda seguridad el número 7, “Misión secreta”) la inclusión de un título dedicado a James Bond al lado de las otras cinco series de “Comics Bruguera”, no pude reprimir una gran alegría, hasta el punto de que podría afirmar categóricamente que aquel nuevo tebeo de James Bond se convirtió por aquel entonces en uno de los más deseados, si no el que más, de encontrar por aquel chaval de 12 años que ya empezaba a coleccionar comics más o menos en serio.

Lo cierto es que me volví loco buscando por todo Cádiz la susodicha colección, pero no hubo manera de hallarla desde sus inicios… Al final, conseguí el número 3 en una pequeña y escondida librería no muy lejos del que era mi domicilio –y que yo visitaba frecuentemente, dicho sea de paso- y paradójicamente, el número anterior lo adquirí unos meses más tarde en una estación de autobuses de Huelva. Por supuesto, ignoraba (la verdad es que lo he ignorado hasta hace bien poco) que la colección de Bond tan sólo se compuso de tres números.

En el caso concreto de Bond, su efímera colección (titulada “James Bond 007”) se nutrió de materiales procedentes de una editorial escandinava, Semic. Las historias, al igual que en los títulos mencionados con anterioridad, se publicaron originalmente en blanco y negro, dotándolas los talleres gráficos de Bruguera de un color mecánico realmente horrible –como horrible y mecánica fue igualmente la rotulación-, y tal como sucedió también con algunas de las series parejas a esta, las peripecias de Bond se complementaron con breves historias rescatadas del fondo de Bruguera y relacionadas con el género de espionaje.

Lo cierto es que, de las tres aventuras publicadas, ninguna merece una mención especial; el común denominador de todas ellas es una mediocridad insalvable que, de no ser por la identidad del protagonista, seguramente ahora estarían sumidas en el más puro ostracismo. La serie contó con unos autores prácticamente desconocidos en nuestro país: Sverre Arnes y Jack Sutter a los guiones y Ramón Escolano y Julio Bosch (este algo más famoso) a los lápices. Las portadas contaron, por suerte, con el buen hacer de Antonio Bernal, y es del todo irrefutable que son lo más destacado de la brevísima colección.

En las tres historias es justo reconocer que los autores se esforzaron por trasladar el entorno y ambiente, tan característicos en las películas del personaje, al papel, pero es evidente también que no lo consiguen, y al final la colección no pasa de ser una curiosa pero nada valiosa aportación al particular universo del héroe.

Como antes he mencionado, el primer número que cayó en mis manos de “James Bond 007” fue precisamente el último, titulado “Juicio Final”. Es curioso, pero es quizás el ejemplar más notable del terceto, tanto por una temática algo más próxima a lo que las películas de James Bond nos tiene acostumbrados, con un guión muchísimo más inspirado que el de las dos historias precedentes, como por el dibujo, donde Julio Bosch nos concede una versión gráfica de Bond mucho más próxima a la cinematográfica –sobre todo a la de Sean Connery- que la plasmada por Ramón Escolano, cuyo dibujo, en determinados momentos, es de un patetismo increíble, como patéticos, torpes y mal resolutivos son igualmente los guiones que acompañan los trazos de Escolano… Unas historias en suma que se leen, dado el desinterés que muestran, con suma rapidez y se olvidan con una rapidez aún mayor.

El cierre prácticamente paralelo de las series que englobaban “Comics Bruguera, Segunda Época” afectó de igual manera a “James Bond 007”, a pesar de dar comienzo unos meses más tarde que las otras. Es evidente que se trató de una decisión eminentemente empresarial y forzada por las circunstancias, puesto que con sólo tres ejemplares en el mercado era aún muy precipitado el dictaminar de un modo positivo o negativo las ventas de la colección. Sea como fuere, lo cierto es que “James Bond 007”, a pesar de su negligente factura y fugaz duración, nos trajo a este medio llamado cómic, por el que ya muchos estábamos irremisiblemente atrapados (y otros tantos desde mucho tiempo antes), al singular y siempre fascinante agente británico… Un James Bond que ya pugnaba en 1985 por un lugar destacado entre mis preferencias cinematográficas –estaba a punto de llegar “Panorama para matar”- y que una efímera colección de Bruguera quizás ayudó a consolidar.

P.D.: Muchas gracias a la base de datos de Tebeosfera, sin cuya imprescindible contribución no hubiera sido posible la elaboración de este “post”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Un dato,
No se trataba de la primera aparición del perosnaje en el medio. Antes ya había aprecido en varias tiras de prensa que, debido a su exito en suecia, llevaron a Semic a generar material similar.
De ahí ese aspecto tan curioso de Bond, pues se basaban en la imagen que dibujó Yaroslav Horak en las tiras.
Sin embargo, el estilo de Horak es muy particular, lo que lleva a choques estilistcos en las historias de los "imitadores"

Manuel C. dijo...

En efecto así es, amigo anónimo... Reconozco que la entrada, en su parte final, peca un poco de ambigua y no quería decir estrictamente que el material de Semic era el primero dedicado al personaje en aparecer en el medio de la historia gráfica, pero sin duda está muy bien tu puntualización.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...