viernes, 14 de octubre de 2011

La guerra de Thule (II)

Hoy "El Sonido del Trueno" incluye la segunda y última parte de "La guerra de Thule", obra de Joan Carles a.k.a. Jacques Fiston.

Confío en que la espera no se os haya hecho demasiado larga para degustar la conclusión.

Os va a gustar.

 

JACQUES FISTON



EN

¡LA GUERRA DE THULE!

SEGUNDA PARTE

I


CASTILLO DE SIGRIDSHOLM

El Capitán se había reunido con Sigrid en una de las estancias del castillo. La reina, que mostraba un avanzado estado de gestación, estaba sentada mientras que el Capitán se encontraba de pié junto a un ventanal desde el que se divisaba una gran parte del fiordo.

-          Mañana partiré con las tropas para tomar posiciones – dijo melancólicamente. Luego se apartó de la ventana y se acercó hacia donde estaba su amada, se agachó junto a ella y le acarició la barriga -   No estaré tranquilo hasta que toda esta locura haya terminado.

Sigrid cogió la mano del Capitán entre las suyas

-          No debes preocuparte por mí. Me siento muy segura sabiendo que tu y tus amigos estáis aquí, luchando por el pueblo de Thule. No es la primera vez, bien lo sabes, y siempre hemos salido victoriosos.
-          Esta vez es distinto. Gudrun ha reunido un potente ejército y es un hombre extremadamente inteligente y peligroso. Ha tramado un excelente ardid para poder invadir Thule. Además no soportaría que nada malo os sucediera a ti y a nuestro futuro hijo – dijo el Capitán, sin esconder su preocupación – ¡Por todos los dioses! ¿Por qué tiene que nacer en estas circunstancias?
-          Todos deseamos un futuro mejor para nuestros hijos. Está en nuestras manos conseguirlo, y para ello deberemos enfrentarnos a gente ruin y despreciable como Gudrun en mas de una ocasión. A esos personajes les mueve la ambición desmesurada y una insaciable sed de poder. A nosotros nos mueven las ansias de justicia y el deseo de un mundo mejor y más solidario. Estos nobles ideales nos dan la fuerza suficiente para enfrentarnos a ellos con el convencimiento que lo hacemos por una causa justa. Sólo así lograremos un mundo mejor para nuestros hijos.

Trueno abrazó a su amada y ambos se fundieron en un apasionado beso.

Al rato un azorado criado entró en la estancia donde estaban Trueno y Sigrid. Parecía bastante atemorizado.

-          Majestad, hay alguien que exige veros enseguida. Ha irrumpido en el castillo sin que nadie viera por donde había entrado. Los guardias la han retenido, pero insiste en veros personalmente. Dice que es muy urgente
-          ¿De quien se trata? – preguntó la reina
-          Es... es alguien muy misterioso y no ha querido dar su nombre, dice que vos y el Capitán Trueno la conocéis perfectamente.

En ese momento, desde el otro lado de la estancia llegaron airadas voces.

-          ¡Apartaros de aquí y dejadme pasar especie de brutos sin cerebro, si no queréis que os convierta en sapos repugnantes para el resto de vuestros días!
-          ¡Klundia! – dijeron al unísono el Capitán y Sigrid.
-          ¡Por todos los dioses del norte! ¡Dejadla pasar inmediatamente! – Ordenó el Capitán

Con gran alivio por parte de los guardias, que se apartaron de inmediato para dejar paso libre, la vieja hechicera amiga del Capitán y de Sigrid entró en la estancia. Abrazó amigablemente a ambos y les hizo entrega de una canastilla.

-          Aceptad este humilde presente de una vieja amiga y permitidme que pueda descansar algunos días en el castillo. Creo que muy pronto la reina va a necesitar de toda mi “magia” – dijo Klundia señalando la barriga de Sigrid.
-          Se bienvenida a Sigridsholm, entrañable amiga – respondió Sigrid

Klundia miró al Capitán y se dirigió a él con tono severo.

-          Querido amigo, ahora ya puedes estar tranquilo porque tu amada está en buenas manos. Así que ocúpate de tus asuntos que la reina y yo tenemos un montón de cosas de las que hablar.- Y cogiendo a Sigrid por el brazo se la llevó de la sala.

Al amanecer un potente y numeroso ejército estaba formado en la enorme explanada frente al castillo. Los valientes y aguerridos hombres de Thule estaban dispuestos a todo por liberar a Thule del invasor. Sus severos rostros mostraban una férrea determinación a dar su vida por la independencia de su reino.
El Capitán Trueno, montado en su brioso corcel pasó revista a las tropas, alentando con amables palabras a los soldados. Finalmente colocándose frente a ellos gritó:

-          ¡Por Thule! ¡Por la reina! ¡Y por la libertad!
-          ¡Por Thule, por la reina y por la libertad! – respondieron al unísono.

 Se volvió hacia el castillo y levantó la mano a modo de saludo. En las almenas estaba Sigrid que devolvió el saludo a su amado. No pudo evitar que las lágrimas bañaran su rostro.
Luego, volviéndose hacia sus hombres dio orden de avanzar.


II



FRENTE DE SCANDIA


Una flota de enormes drakkars apareció por la entrada del fiordo del Dragón. Lentamente se iban acercando hacia el embarcadero. Desde las almenas del castillo Cunegunda junto a Goliath observaban el avance de las gigantescas naves enemigas

-          ¡Son enormes! – comentó el gigantón – ¡Nos van a proporcionar una buena distracción!
-          ¡Y un montón de trabajo si queremos evitar que consigan acceder al castillo! – respondió la mujer - ¡Están repletas de hombres armados hasta los dientes!

Cunegunda se dirigió a sus hombres

-          ¡Por Thule, por Scandia y por nuestra libertad! Muchachos vamos a darles una buena zurra a estos caballeretes. No saben con quién se las van a tener. ¡Los mejores guerreros de todo el norte!

Los gritos de entusiasmo resonaron por todas partes, mientras las naves enemigas se acercaban cada vez más.
Cuando estuvieron suficientemente cerca, antes de que pudieran llegar a los embarcaderos, Cunegunda dio una seca orden y de inmediato las defensas del castillo actuaron con precisión desde los acantilados, lanzando una verdadera lluvia de enormes rocas y flechas incendiarias.
Al mismo tiempo apareciendo de diversos recodos del fiordo  las naves de Scandia se apresuraron a interceptar aquellas que lograban atravesar la barrera de piedras y fuego que les caía encima.
Inmediatamente las diferentes naves se enzarzaron en una terrible y cruenta lucha.  En pocos minutos el fiordo se convirtió en un inmenso campo de batalla. Enormes estrépitos resonaban por las paredes del fiordo cuando los drakkars se envestían unos contra otros, en medio de las llamas de los barcos incendiados. Terribles gritos de guerra se mezclaban con los alaridos de dolor. La inmensa humareda impedía ver desde el castillo el desarrollo de la batalla.

-          ¡Maldita sea, no puedo ver nada! – exclamó Cunegunda – ¡Creo que voy a bajar ahí con mis hombres, no soporto esta inactividad!.
-          No sería prudente – dijo Goliath que intentaba ver lo que sucedía en el fiordo a través de las espesas cortinas de humo – Me ha parecido que algunas de las naves de Gudrun han dado media vuelta y no entraban en el fiordo. ¡Esto no me gusta nada!. Creo que deberíamos quedarnos aquí.

A regañadientes Cunegunda aceptó la sugerencia de Goliath.
En el fiordo, las naves enemigas ofrecían gran resistencia y ninguno de los dos bandos parecía conseguir imponerse al contrario. La cruenta batalla naval se prolongó a lo largo de la noche. Las llamas y la profusa humareda daban a la batalla una apariencia espectral.
Aprovechando la confusión de la batalla que se había iniciado en el fiordo y que toda la atención se dirigía hacia aquella parte, tal como le había parecido a Goliath, un grupo de naves había dado media vuelta y disimuladamente había logrado alcanzar los acantilados del oeste del feudo. Rápidamente un numeroso grupo de hombres del ejército de Gudrun, con el favor de las sombras de la noche, empezó a escalar el arrecife sin demasiadas dificultades. En pocas horas un nutrido grupo alcanzó el castillo de Cunegunda y se dispusieron para el asalto.
Los vigías dieron prestamente la voz de alarma y en pocos segundos los defensores del castillo capitaneados por Cunegunda y Goliath se presentaron en la muralla por la que intentaban penetrar en el castillo los hombres de Gudrun. En unos instantes se organizó una verdadera batalla en la que la singular pareja de colosos luchaba a brazo partido intentando rechazar al enemigo y eliminando a cualquiera que se atrevía a poner a su alcance.
Atrapados entre dos frentes, la defensa de Scandia se había complicado de un modo inesperado.


FRENTE DE GUNDAR

Los drakkars de los vikingos prehistóricos habían conseguido llegar sin ninguna dificultad hasta las costas situadas frente al castillo del príncipe Gundar. Con una rapidez increíble los vikingos desembarcaron e inmediatamente empezaron a levantar lo que parecía un campamento provisional.
Desde el castillo, Gundar y Crispín observaban con gran preocupación los movimientos de los invasores.

-          ¡Por Odín, son mucho más numerosos de lo que creíamos! – dijo Gundar señalando el movimiento de las tropas enemigas –  Y por lo que deduzco su intención es sitiar el castillo. ¡Si queremos rechazarlos debemos atacar antes que puedan organizarse y conseguir sus propósitos!
-          Esperamos impacientes que des la orden – contestó Crispín que estaba impaciente por entrar en acción.
-          ¡Adelante pues! ¡Espero que la estrategia que hemos estado planeando de resultado!

Desenvainando su espada y alzándola al viento, Gundar dio la orden de ataque. Inmediatamente sus capitanes hicieron sonar potentes cuernos ordenando el avance.
Gundar había dividido a su ejército en tres grupos, y atacó el incipiente campamento de los prehistóricos desde tres flancos distintos.
Ante la ofensiva, los invasores ofrecieron una feroz resistencia, y  pese a la entrega de los hombres de Gundar estos se vieron rápidamente desbordados por la ferocidad de los vikingos prehistóricos.

-          ¡No podemos con ellos! – Gritó Crispín en el fragor de la batalla - ¡Nos están arrollando!
-          ¡No tenemos ninguna opción! – Admitió Gundar que peleaba junto con el joven - ¡Debemos replegarnos y preparar una nueva estrategia si queremos derrotarles! ¡Si seguimos aquí sólo lograremos aumentar el número de nuestras bajas!

Por encima del fragor de la batalla, sonaron los cuernos dando la triste orden de retirada. Los hombres de Gundar poco a poco lograron zafarse de los prehistóricos y fueron replegándose hacia el castillo.


FRENTE DE SIGRIDSHOLM

Una importante escuadra de naves de la flota de Gudrun se había dirigido hacia el sur de la isla y había desembarcado un inmenso ejército, iniciando un rápido e implacable avance atacando a los poblados que encontraban a su paso. La resistencia que estos podían ofrecer era prácticamente nula ya que la mayoría de habitantes habían huido ante la llegada de los invasores y tan sólo habían quedado unos pocos valientes para intentar defender sus propiedades.
Mientras, el ejército de Sigrid dirigido por el Capitán Trueno se dirigía hacia un enorme valle situado a varios kilómetros del castillo, donde el Capitán tenía previsto presentar batalla al invasor.

¡La situación en toda la isla era extremadamente grave!


III


FRENTE DE SCANDIA

Estaba anocheciendo. Después de denodados esfuerzos Goliath y Cunegunda habían logrado rechazar momentáneamente al enemigo. Aquello les daba un pequeño respiro que aprovecharon para recomponer las defensas del castillo y recuperar fuerzas. Habían luchado titánicamente durante todo el día.
En el fiordo, la batalla naval parecía haber terminado. El estrecho había quedado impracticable, lleno de naves hundidas o en llamas. Los cadáveres flotaban tiñendo de rojo las frías aguas del fiordo.

-          ¡Por el Gran Batracio Verde! – exclamó Goliath mientras daba buena cuenta de una pata asada de cordero – ¡Ya ves querida amiga como mis temores eran fundados! ¡El ataque en el fiordo no era más que una estratagema para distraer nuestra atención mientras llegaban a los acantilados para asaltar el castillo!
-          ¡Una distracción muy cara! – respondió Cunegunda muy seria – ¡Allí han dejado la vida muchos hombres valientes!
-          Tenéis razón – prosiguió el “cascanueces” – Ahora el castillo queda con menos defensores y a merced de nuestros atacantes. Algunas naves de Gudrun que han escapado del estrecho deben de haberse unido a los que han intentado asaltar el castillo. ¡Y os quejabais de inactividad!


FRENTE DE GUNDAR


En el castillo, Gundar se lamentaba amargamente.

-          ¡Nos hemos comportado impulsivamente menospreciando al enemigo! Hemos actuado imprudentemente. ¡Debí de haberlo previsto!
-          No te culpes por ello querido esposo – intentó calmarlo Zaida – Nadie podía prever la feroz resistencia de los vikingos prehistóricos.
-          Quizás tengas razón. De todos modos hay algo que no entiendo. ¿Por qué no nos persiguieron en nuestra retirada? Nos tenían prácticamente a su merced. Algo deben de tramar.
-          Se sienten muy seguros, y probablemente prefieren asaltar el castillo – respondió Zaida – Puede que les pareciera una victoria poco digna para ellos, y prefieren seguir luchando.
-          Los vikingos prehistóricos son tribus muy belicosas y terriblemente feroces.- intervino Crispín que se encontraba con Gundar y Zaida – y aunque son muy supersticiosos no le temen prácticamente a nada. Pero no perdamos las esperanzas amigos, ya nos hemos enfrentado a ellos en ocasiones anteriores y les hemos vencido. También lo haremos ahora.
Gundar agradeció los ánimos que intentaba dar Crispín, aunque esta vez todo era muy distinto. No se trataba solamente de los Prehistóricos, sino que además estaban los demás frentes.

-          Vamos a necesitar la ayuda de todos los dioses y demonios para lograrlo, amigo Crispín.

Entonces a Crispín se le ocurrió una idea.

-          ¡Pues claro, cómo no se me había ocurrido antes! – exclamó – Me acabas de dar una idea
-          ¿Qué se te ha ocurrido Crispín?
-          Es una locura, pero quizá de resultado. Tampoco tenemos muchas alternativas – siguió – Podemos probarlo. Escuchad.

Gundar  y Zaida siguieron atentamente las explicaciones que exponía Crispín. Inmediatamente en el castillo varios hombres se pusieron a trabajar febrilmente durante toda la noche siguiendo las instrucciones que éste les daba.


CAMPAMENTO DE GUDRUN


Una actividad frenética llenaba el campamento del rey de Gundland. Orik daba instrucciones sin cesar a los diversos jefes vikingos aliados de los invasores, mientras Gudrun observaba silencioso todas las maniobras que se desarrollaban.
Por su mente iban pasando imágenes de victoria, incluso se veía a sí mismo sentado en el trono de Thule. Hasta el momento todos sus planes habían salido a la perfección.
“Conozco todos los puntos débiles de Thule y de sus defensores. Allí donde otros han fracasado voy a vencer y demostraré a todos los pueblos del norte mi supremacía” Una sonrisa cruel se marcaba en su rostro. “Este es el comienzo del imperio más grande de todos los tiempos”


CASTILLO DE SIGRIDSHOLM

Sigrid estaba angustiada. Las noticias que llegaban de los frentes de Gundar y de Scandia no resultaban nada esperanzadoras.

-          Todavía no sabemos nada del Capitán – informó el Jarl Erik – La que posiblemente sea la batalla decisiva no ha tenido lugar aún.
-          Estoy inquieta. Desearía estar al frente de mi ejército y poder luchar junto a ellos – explicó Sigrid a Klundia, que no se separaba ni un momento de ella.
-          No os preocupéis Sigrid. Todo está en buenas manos. Os lo dice una “bruja”

Klundia no paraba de hablar. Intentaba por todos los medios de distraer a la reina de sus preocupaciones, animándola y contándole divertidas anécdotas sucedidas a causa del temor que sienten las gentes hacia ella.

-          ...y de verdad que creían que los había convertido en ranas. ¡Incluso croaban!
-          Realmente sois terrible querida Klundia. ¿Puedo preguntaros como lo  conseguís?

La hechicera miró en todas direcciones para asegurarse de que nadie las oía.

-          No hay magia – dijo en un susurro a la reina – tan solo algunos trucos de prestidigitación. La sugestión y la imaginación tienen un buen papel. La ignorancia de las gentes hace el resto.


FRENTE DE SIGRIDSHOLM

Había oscurecido, y la noche era espectralmente negra. El ejército de Thule dirigido por el Capitán Trueno había empezado a tomar posiciones en el extenso valle que se abría frente a ellos. En una pequeña tienda improvisada como cuartel general Trueno revisaba las instrucciones con los distintos capitanes que estaban a su mando, respecto a las estrategias que se debían llevar a cabo en la batalla.

-          Tradicionalmente los ataques suelen ser frontales – explicaba el Capitán – Esto da ventaja a los ejércitos numerosos, pero el número de bajas que se producen en los dos bandos es enorme, y el avance en uno u otro sentido muy lento. Yo me propongo evitar tantas víctimas como sea posible.
-          Pero Capitán Trueno – intervino uno de los capitanes a su mando – ellos son muy numerosos y parecen muy seguros de su victoria. ¿Cómo conseguiremos derrotarlos?
-          Tranquilo Olaff. Puede que podamos sacar provecho de su exceso de confianza. Por la información que disponemos siguen los modelos frontales para el ataque y uno de sus puntos débiles es que es un ejército poco disciplinado.
-          ¿Y de que modo esto nos favorece? – preguntó Olaff
-           Esperaremos el ataque frontal y fingiremos colocar todas nuestras fuerzas en columna. De hecho es lo que ellos esperaran. – Explicó Trueno señalando diversos puntos en un mapa que tenía desplegado delante suyo - Las posiciones que hemos tomado en valle se encuentran en un nivel más elevado que las del ejército de Gudrun.
-          Entiendo – dijo Olaff -  ellos van a tener que atacar cuesta arriba.
-          Exacto. Esto nos va a proporcionar una ligera ventaja, que intentaremos aprovechar al máximo. A continuación, en cuanto se haya producido el primer choque una primera oleada de caballería se abrirá por los flancos del enemigo y los cribará con sus flechas. Esto deberá permitir que nos podamos abrir por los lados y atacar cerrándonos sobre ellos como unas tenazas.
Todos los jefes y capitanes estuvieron de acuerdo con la estrategia sugerida por Trueno. Este prosiguió

-          Para que todo salga bien todos los hombres deben saber perfectamente lo que deben hacer y tenemos que actuar todos de manera coordinada. Cualquier fallo puede resultarnos fatalmente trágico.

Los jefes asintieron

-          Ahora dad las instrucciones a vuestros hombres y procurad descansar. Mañana será un día decisivo.

En cuanto acabó la reunión, Trueno se apartó del campamento. En su interior no podía evitar un sentimiento de horror ante la terrible inminencia de la batalla. ¿Cuántos hombres iban a morir a causa de la cruel ambición de un déspota con ansias de poder? Por más que lo intentaba no se le ocurría ninguna manera para evitar aquel horror. Muchos jóvenes de ambos ejércitos nunca  jamás volverían a sus hogares; valientes y bravos hombres no regresarían ni podrían abrazar de nuevo a sus esposas e hijos.
Quizás él tampoco vería nacer al suyo.
¿Hasta cuando se repetirían situaciones como aquella? Tenía que enfrentarse a un hombre cruel y sin escrúpulos a quien todos sus seguidores estaban cegados por las promesas de riquezas y sed de poder, incapaces todos ellos de pensar por sí solos.
El Capitán no acababa de comprender el porqué de toda aquella locura.
Se sentía abatido.
Lentamente regresó al campamento. Los soldados le observaban con respeto. Muchos lo saludaban. Confiaban en él. Muchos de ellos perderían la vida al día siguiente. ¿Podía evitar tanto derramamiento de sangre?
Trueno no consiguió conciliar el sueño en toda la noche.


IV



FRENTE DE SCANDIA


El día había amanecido gris en toda la isla. Grandes nubes empañaban el cielo, como si los antiguos dioses nórdicos, Thor y Odín quisieran mostrar su enojo.
En el castillo de Cunegunda reinaba una relativa tranquilidad, hasta que un grito retumbó por la muralla.

-          ¡Alerta! – gritó una voz desde las almenas - ¡El enemigo vuelve a la carga!

Los invasores acababan de reanudar el asalto al castillo. Esta vez eran más numerosos. Las pocas naves que habían conseguido escapar del estrecho del Dragón se habían unido a los asaltantes sabiendo que la guarnición del castillo estaba muy mermada.
En unos segundos los agotados hombres de Scandia ocuparon sus puestos y se prestaron a la defensa
La lucha en las almenas era feroz. Goliath luchaba como diez hombres intentando repeler el ataque, y dando ánimos sin cesar a los defensores. Sin embargo, el enemigo seguía ganando terreno, palmo a palmo.


FRENTE DE GUNDAR


A pesar de la derrota del día anterior el ejército de Gundar se disponía de nuevo a presentar batalla a los vikingos prehistóricos. No iban a entregar su posición tan fácilmente. El príncipe, tenía su última esperanza en la estratagema que Crispín había planeado, habían estado trabajando en ello toda la noche.
Los feroces vikingos prehistóricos se habían desplegado en la llanura situada frente a la costa seguros de su victoria. Hacían chocar sus armas contra los escudos para atemorizar a los sitiados y los gritos de guerra resonaban en toda la planicie.
Zaida se encontraba en el patio del castillo con sus dos hijos. Gundar estaba de pie frente a ellos.

-          Protege a nuestros hijos, Zaida. Si algo me sucediera, yo...

Zaida puso suavemente un dedo sobre los labios de Gundar.

-          Me casé con un vencedor. Lo único que lamento es no poder estar a tu lado en la batalla y luchar codo con codo los dos juntos.

Gundar abrazó a su esposa y dirigió una significativa mirada a sus pequeños. Luego dirigiéndose a sus hombres dio la orden de abrir las puertas.
Los soldados de Gundar con éste al frente se dirigieron sin vacilar hacia el enemigo.
La batalla se inició con gran estruendo.
A pesar de los denodados esfuerzos de los hombres de Gundar, los prehistóricos  iban ganando terreno y cuando parecía que serían derrotados de nuevo, una enorme masa oscura surgió del interior del castillo acompañada de unos terribles alaridos proferidos por dos enormes cuernos.
Los vikingos prehistóricos no daban crédito a sus ojos. Un enorme monstruo volador se acercaba al campo de batalla. Se trataba del globo de Morgano, al cual habían pintado unas enormes fauces que hacía más pavorosa su presencia, y daba la impresión de que un verdadero monstruo se dirigía amenazadoramente a ellos.
Desde el globo manejado con pericia por Crispín dos hombres lanzaban incesantemente flechas causando gran cantidad de bajas entre el enemigo.
El desconcierto provocado por aquella fantasmagórica aparición fue aprovechado rápidamente por los hombres de Gundar que arremetieron con redobladas fuerzas contra el enemigo.

                            V

FRENTE DE SCANDIA


En el castillo de Cunegunda los invasores habían conseguido abrir una brecha en las defensas.

-          ¡Maldición! ¡Venga muchachos, tenemos que rechazarles! – gritaba Cunegunda
-          ¡Atrás mastuerzos, nadie os ha invitado a cenar esta noche! – vociferaba Goliath atacando con todas sus fuerzas a todo el que se ponía a su alcance.

Los hombres de Scandia, viendo el valor y la fuerza de Cunegunda y de Goliath, redoblaron sus esfuerzos.
En ese momento un enorme vikingo iba a golpear a Goliath por la espalda con una enorme maza. Cunegunda se dio cuenta de ello.

-          ¡Cuidado máese Goliath! -  gritó al tiempo que su hacha de guerra daba buena cuenta del atacante – por los dioses que perdéis facultades, ¿acaso os estáis haciendo viejo?
-          ¿Viejo? – gritó indignado Goliath, mientras se deshacía de un enemigo propinándole un mazazo
-          En cualquier caso te he salvado la vida “Goliathtito”. ¡Ahora sí que no podrás negarte a tomarme por esposa! ¡Ja, ja, ja!

Mientras Cunegunda decía aquellas palabras uno de los asaltantes estaba a punto de  atravesarla con su espada. Goliath, al quite, lanzó su maza evitando que Cunegunda fuera herida.

-          ¡Por el gran Batracio verde! ¡Yo también os he salvado la vuestra. Estamos en paz!



FRENTE DE SIGRIDSHOLM

Durante la noche, el ejército de Gudrun había alcanzado la entrada del valle en el que el Capitán les esperaba con sus tropas.
Finalmente los dos ejércitos se encontraban frente a frente, cada uno de ellos midiendo el potencial del contrario.
Interiormente el Capitán Trueno estaba preocupado, pero la eterna sonrisa de su rostro daba ánimos y confianza a los hombres que estaban bajo su mando y que en breves momentos iban a enfrentarse a la muerte.
Gudrun, situado en la retaguardia sonreía maliciosamente. Sabía que Trueno era un gran guerrero, pero estaba convencido de saber como vencerlo. Su plan estaba saliendo a la perfección, y el Capitán Trueno no podía sospechar la estratagema que tenía preparada.

Al despuntar el sol el Capitán Trueno, situado en  primera línea, dio la orden de avance.
Los hombres de Thule avanzaron siguiendo las instrucciones que Trueno diera en su momento. Cuando los dos ejércitos estaban a punto de encontrarse, la caballería de Thule salió desde la retaguardia y se dividió en dos, con el fin de atacar al enemigo por los flancos.
El choque fue feroz. Los gritos, lamentos, el chocar de las armas llenaba por completo el valle.
El Capitán se iba abriendo paso con intención de encontrarse frente a frente con Gudrun.
La batalla era encarnizada, ninguno de los dos ejércitos daba cuartel al enemigo. El número de bajas era enorme.
Mientras el grueso de los dos ejércitos se enfrentaba en una lucha sangrienta, un numeroso grupo de invasores que se había quedado en retaguardia y por lo tanto escondido a los ojos de Trueno y dirigido por el mismísimo Gudrun, pareció retirarse.

-          A Sigridsholm – ordenó Orik


FRENTE DE GUNDAR

La aparición del globo había atemorizado a los supersticiosos vikingos prehistóricos. Aprovechando la sorpresa y el temor que en estos despertó, los hombres de Gundar redoblaron sus esfuerzos y consiguieron hacer retroceder al enemigo.
Desde el globo, Crispín y sus dos compañeros causaban pavor entre las filas de los atacantes. Poco a poco los prehistóricos iban perdiendo terreno, y muchos de ellos huían despavoridos, aterrorizados por el “monstruo”.

-          ¡Lo estamos consiguiendo! -  gritaba entusiasmado Crispín.

En medio de la confusión Gundar se encontró frente al jefe de las tribus de los vikingos prehistóricos. Ambos se desafiaron con la mirada.
El prehistórico se abalanzó sobre él y los dos hombres se enzarzaron en un terrible duelo a muerte. Los pocos guerreros que no habían huido y continuaban ofreciendo una dura resistencia, detuvieron la contienda en cuanto se dieron cuenta del singular combate entre Gundar y su jefezuelo.
Se intercambiaron una terrible serie de golpes con sus armas buscando desarmar o herir al contrario. El prehistórico era mucho más corpulento pero Gundar resistía con gran valentía el feroz ataque de su oponente. Aparentemente parecía estar a la defensiva, cuando en realidad buscaba un punto débil por donde poder atacar con éxito. Un fuerte golpe descargado con el hacha de guerra del prehistórico, hizo perder a Gundar su escudo. Aprovechando esta circunstancia su enemigo golpeó con más fuerza y energía. En uno de los ataques que Gundar  apenas pudo esquivar, fue herido en un brazo.
El dolor era insoportable, Gundar se preguntaba si podría resistir muchos golpes como aquel.
Al ver a Gundar herido, el prehistórico se sintió seguro de su victoria, eso hizo que bajara la guardia y Gundar, a pesar de su herida, aprovechando un descuido de su contrario se empleó a fondo haciendo retroceder a su enemigo. Cogido éste por sorpresa tropezó con el cuerpo de un guerrero muerto y al caer tuvo la mala fortuna de golpearse fuertemente la cabeza quedando fuera de combate.
Los guerreros prehistóricos al ver vencido a su reyezuelo, y atemorizados por la presencia del globo, se rindieron ante las tropas del príncipe.
Desde las almenas del castillo, Zaida que no había perdido detalle del combate  se abrazó fuertemente a sus hijos.

- ¡Lo hemos conseguido!



CASTILLO DE SIGRIDSHOLM

Sigrid se encontraba en sus estancias, absorta en sus pensamientos e inquieta por no tener ninguna noticia del desarrollo de la batalla que tenía lugar en el valle. De pronto una fuerte punzada de dolor le indicó que el momento de dar a luz a su hijo había llegado.
Fue trasladada rápidamente a sus estancias y Klundia empezó a dar rápidas instrucciones a los criados que corrían desconcertados de un lado para otro.
Al instante acudieron los doctores para atender a su reina.

-          No os lo toméis a mal – dijo Klundia con autoridad – pero me basto yo sola para atender a la reina. Vais a ser mas necesarios para ocuparos de los heridos en la batalla, que pronto llegarán en grandes cantidades, que para asistir a un parto.

Ante la contundente orden de Klundia los doctores quedaron sorprendidos, pero rápidamente comprendieron que tenía toda la razón y se prepararon para atender a la gran cantidad de heridos que no tardarían en llegar al castillo, a consecuencia de los cruentos combates que se mantenían en el frente.


VI


El cielo se oscureció. Grandes nubes cubrieron el cielo presagiando tormenta.


CASTILLO DE SIGRIDSHOLM

La alarma recorrió todos los rincones del castillo, en cuanto los hombres que estaban de guardia en las almenas divisaron el numeroso grupo de enemigos que se acercaba. En aquellos momentos, aunque Trueno había dejado en Sigridsholm un nutrido grupo de soldados expertos, los defensores eran notablemente inferiores, puesto que la práctica totalidad de efectivos se encontraba en el frente.
Ante el inminente ataque los aldeanos que se habían refugiado en el castillo se sumaron a la defensa de este.

El rostro de Gudrun no escondía su satisfacción.

-          Orik, ordena que se inicie el ataque. Se encuentran a nuestra merced – y lentamente, saboreando sus palabras añadió - ¡No deis cuartel!.

Las ordenes de Gudrun fueron cumplidas de inmediato. El asalto al castillo había empezado.


FRENTE DE SIGRIDSHOLM

La batalla seguía con toda su crueldad. A pesar de que el enemigo les superaba en número, las tropas dirigidas por el Capitán resistían valientemente. La estrategia de Trueno sorprendió al ejército invasor al verse éste atacado por los flancos. Aquella circunstancia fue aprovechada por los hombres de Thule y tal como había previsto el Capitán, el hecho que los invasores tuvieran que atacar cuesta arriba les dificultaba los movimientos.
La lucha era dura. Trueno, al frente de sus hombres parecía no cansarse nunca. Evitaba ataques, daba órdenes, avanzaba abriéndose paso ante el enemigo. Su principal objetivo era encontrar a Gudrun para poder enfrentarse a él, pero parecía que la tierra se lo hubiera tragado.
En un repliegue de la dura batalla un emisario de Sigridsholm, que consiguió salir del cerco de Gudrun, consiguió acercarse hasta el Capitán.

-          ¡Capitán Trueno! – gritó para hacerse oír – ¡Por fin os encuentro. Traigo noticias del castillo!
-          ¡Habla!
-          ¡Sigridsholm está siendo asaltado por Gudrun y un copioso contingente de invasores! ¡Son muy superiores en número y las defensas del castillo no podrán resistir mucho tiempo!

Trueno se sintió desfallecer. Había menospreciado a Gudrun. Mientras el grueso de los dos ejércitos se enfrentaba a muerte en una descomunal batalla, Gudrun se iba a apoderar del castillo. ¡Y en él estaba Sigrid!
Echó un vistazo a su alrededor. Sus hombres empezaban a perder terreno a pesar de la valentía con la que luchaban. La situación no podía ser peor.
En ese instante, a lo lejos se oyó el sonido de unos potentes cuernos de guerra. Einar de Nordia se incorporaba al ataque.

El cielo de Thule se oscurecía cada vez mas.


CASTILLO DE SIGRIDSHOLM

El feroz empuje de los soldados de Gudrun y las débiles defensas del castillo, hizo que éstas sucumbieran rápidamente. Los invasores consiguieron entrar en el fácilmente. Una vez dentro encontraron una dura resistencia por parte de la guardia de Sigrid y por los campesinos que se habían sumado a los hombres del castillo en defensa de su reina y de sus libertades. Aquel hecho detuvo momentáneamente el avance de Gudrun y Orik.

En sus estancias personales, Sigrid asistida por Klundia, había empezado el parto de su hijo.

FRENTE DE SIGRIDSHOLM


La llegada de las tropas de Einar desconcertó al enemigo.
Aprovechando la confusión, Trueno se alejó del campo de batalla, después de pasar el mando a Einar. Se hizo con una montura y junto con varios jinetes se dirigió velozmente hacia el castillo con el rostro marcado por la angustia.
Cuando divisó el castillo se le encogió el corazón. El enemigo había conseguido penetrar en él.



VII


CASTILLO DE SIGRIDSHOLM

Gudrun, Orik y varios hombres se acercaban a las estancias donde se encontraba la reina, cuando un pequeño grupo de campesinos dirigidos por el Jarl Erik les cortó el paso.

-          Deteneos – gritó con voz autoritaria el Jarl.

Orik soltó una enorme risotada.

-          Vaya, parece ser que un grupo de famélicos y un anciano no nos dejan pasar.
-          ¡Apartaros idiotas! – dijo con desprecio Gudrun – ¡Dejad paso al emperador del norte, Gudrun “el grande”!
-          ¡Muy pronto te has nombrado emperador! – contestó el Jarl – ¡Todavía no has vencido!
-          ¿Y crees que tú lo vas a impedir? – Gudrun hizo un gesto.

El combate fue corto. Nada podían hacer unos campesinos contra soldados experimentados. El Jarl cayó a los pies de Gudrun. Éste lo apartó de un puntapié.

Como una exhalación Trueno consiguió penetrar en el castillo, derribando a todo aquel que  pretendía cerrarle el paso.
Los hombres que le acompañaban se habían unido a la lucha y poco a poco iban ganando posiciones.
Desesperadamente Trueno iba recorriendo el castillo gritando el nombre de Gudrun.

Un potente rayo rasgó el cielo. Al instante estalló una fuerte tormenta.
En sus estancias Sigrid gritaba a consecuencia de los dolores del parto.


FRENTE DE SIGRIDSHOLM  


Los refuerzos de Einar habían conseguido hacer retroceder al ejército invasor. Lentamente el enemigo iba perdiendo fuerzas y, al ver que sus jefes principales no se encontraban en el campo de batalla para poder dar instrucciones, el desconcierto se apoderó rápidamente de ellos, y poco a poco iban dejando las armas y se rendían.

La tormenta arreciaba cada vez con más fuerza.



VIII


CASTILLO DE SIGRIDSHOLM


En el exterior la lucha continuaba, pero la resistencia de los invasores era cada vez menor, y ésta cesó en cuanto llegaron al castillo las noticias de que las tropas de Gudrun habían sido derrotadas y se retiraban hacia sus naves.

Trueno se dirigía hacia las estancias de la reina cuando se encontró con el Jarl Eric que intentaba incorporarse a pesar de sus gravísimas heridas. Trueno se acercó prestamente hacia el.

-          Gudrun... la reina... – musitó el viejo consejero – Salvad... a la reina... Capitán ...

El Jarl Erik Cerró los ojos para siempre.
El Capitán Trueno lanzó un terrible juramento e inmediatamente se dirigió a las habitaciones personales de la reina.
Cuando llegó a la antesala se encontró con Gudrun, Orik y sus secuaces, que después de eliminar a los pocos defensores que había se disponían a entrar en las habitaciones de la reina.

-          ¡Gudrun! ¡Maldito seas mil veces! ¡Sólo sabes enfrentarte a viejos y mujeres! ¡Por fin nos vemos las caras! ¡Esta vez no conseguirás tus propósitos!

El Capitán Trueno finalmente se encontraba frente a frente con su enemigo. Trueno estaba agotado por la batalla, con las ropas hechas jirones y manchas de sangre por todas partes. Gudrun, Orik y los demás parecían estar en plena forma.

Un grito de dolor de parto se dejó oír a través de la gruesa puerta que cerraba las habitaciones de Sigrid.

Gudrun sonrió malévolamente.

-          Así que tu eres el famoso Capitán Trueno – habló Gudrun en un tono altanero y despectivo – Debí de hacer caso de tu legendaria fama de gran guerrero. He de reconocer que no esperaba que consiguieras llegar hasta aquí. Lástima que todo tu esfuerzo no sirva para gran cosa.
-          ¡Eres un miserable, Gudrun! ¡Deja de hablar y enfréntate conmigo! – gritó Trueno - ¡Te reto a un duelo singular!

Desde el exterior se oían gritos que daban a entender que los hombres de Sigrid habían ganado la batalla, y que los invasores se estaban rindiendo.
El rostro de Gudrun se torció en una terrible mueca.

-          ¡Quizás en el campo de batalla hayas vencido Capitán Trueno! ¡Es posible que jamás me siente en el trono de Thule, pero te aseguro que nunca podrás saborear este triunfo!

Los gritos de dolor de Sigrid se oían detrás de la puerta, haciendo encoger el corazón de Trueno.

-          ¡Tampoco tu hijo reinará en esta isla! – prosiguió impertérrito Gudrun – Puede que hayas destruido a mi ejército, pero yo te destruiré a ti. ¡Destruiré aquello que más amas!

Dándole la espalda al Capitán y dirigiéndose hacia la puerta de la habitación de Sigrid, Gudrun se dirigió a Orik y sus esbirros.

-          ¡Acabad con él!

El Capitán sintió que las fuerzas le abandonaban cuando los cuatro gigantes se abalanzaron sobre él.
En ese momento una flecha silbó en el aire y se clavó en el pecho del primero de los atacantes que se abalanzaba sobre Trueno.
Todos dirigieron la mirada hacia el lugar de donde había partido la flecha. Crispín con un arco en sus manos había aparecido por la puerta de la estancia, detrás suyo Goliath se abría paso.
El Capitán lanzó una exclamación de júbilo al ver aparecer a sus inseparables amigos.

-          ¡Crispín, Goliath! Pero... ¿cómo...?
-          ¿Crees que íbamos a dejar toda la diversión para ti solo? -  exclamó Goliath con su potente vozarrón – ¡Además tengo una cuenta pendiente con uno de estos señores!

Habían llegado a Sigridsholm en el globo de Morgano.
La estratagema de Crispín en la batalla contra los vikingos prehistóricos había dado el resultado esperado, y sin perder tiempo se dirigió velozmente en el globo hacia Scandia, donde finalmente Goliath y Cunegunda habían logrado vencer a los asaltantes.
Sorteando la impresionante tormenta que se desataba sobre Thule, y aprovechando los fuertes vientos que afortunadamente les eran favorables, habían conseguido llegar a Sigridsholm.

-          ¡Capitán! – gritó Crispín – ¡Ocúpate de Gudrun, que nosotros nos encargamos de estos caballeretes!

Mientras Crispín se deshacía de otro de los sicarios de Gudrun, Goliath se dirigió hacia Orik.

-          La última vez que nos vimos me quedé con las ganas de darte tu merecido – dijo Goliath.
-          ¡Maldito tuerto! – gritó Orik abalanzándose sobre el “Cascanueces” con una enorme hacha de guerra - ¡Muere!

Un nuevo grito de parto se dejó oír.

Gudrun desenvainó su espada dispuesto a enfrentarse en una lucha a muerte con el Capitán.

-          ¡Solo uno de los dos saldrá vivo de aquí! – dijo Gudrun escupiendo las palabras, y con un fiero rugido se abalanzó hacia el Capitán - ¡Te mataré!

A pesar de su agotamiento, Trueno esquivó el tremendo golpe que casi lo parte por la mitad. Los dos se atacaban enfurecidamente y los golpes resonaban por toda la estancia.

Mientras, Goliath y Orik se habían enzarzado en un terrible combate de colosos. Después de una dura lucha Goliath logró zafarse de Orik y de un terrible mazazo consiguió dejarlo fuera de combate.

Crispín tenía serias dificultades con su último oponente, pero la agilidad del joven decantó la lucha en su favor. Gracias a una rápida finta que había aprendido del Capitán logró herir a su contrincante y derrotarlo.

El Capitán y Gudrun se intercambiaban duros golpes, sin que ninguno de los dos lograra reducir a su oponente. Trueno cada vez se sentía más débil, por lo que Gudrun parecía que iba a ganar la partida.

En aquel momento varios hombres de Sigrid dirigidos por Gundar y Cunegunda llegaron donde se desarrollaba el singular combate.

 Todos los presentes seguían el combate con el corazón en un puño, pero sin atreverse a intervenir.

En un ataque de Gudrun, el Capitán resbaló con la sangre que bañaba la estancia y cayó al suelo quedando a merced de su enemigo. Aprovechando su ventaja Gudrun golpeó varias veces pero Trueno logró desviar a duras penas los tremendos golpes de su enemigo. Finalmente, con un fuerte mandoble Gudrun desarmó al Capitán.

El rostro de todos los presentes reflejaba una terrible desesperación intuyendo el terrible desenlace que iba a tener el combate.
Gudrun, con una terrible sonrisa marcada en su rostro alzó su espada para asestar al Capitán el golpe mortal.

IX


La tormenta había aumentado su intensidad.

CASTILLO DE SIGRIDSHOLM

El Capitán estaba a merced de su enemigo.

-          Adiós Capitán Trueno – susurró Gudrun mientras alzaba su espada.

En ese preciso instante, un llanto de bebé atravesó la puerta.

Al oír el sollozo, Gudrun quedó paralizado unos segundos, volvió ligeramente la cabeza hacia la puerta cerrada de las habitaciones de Sigrid.
Aprovechando aquellos segundos de desconcierto de Gudrun, el Capitán sacando fuerzas de la nada, consiguió recuperar su arma y levantándose como impulsado por un resorte se lanzó sobre Gudrun logrando atravesarlo con su espada.
Gudrun abrió los ojos, miró sorprendido la enorme herida de su pecho por la que salía la sangre a borbotones. Luego miró al Capitán.

-          No... no es posible. Yo... debía vencerte. Yo... soy... superior. Soy Gudrun “el Grande”... Yo...

Puso los ojos en blanco y cayó inerte al suelo.

El retumbar de un imponente trueno resonó por toda la isla.

Un silencio sepulcral reinaba en toda la estancia roto solamente por el ruido exterior de la lluvia. Gudrun y sus sicarios yacían en el suelo empapado de sangre. El Capitán Trueno estaba frente a la puerta de las habitaciones de Sigrid, apoyado en una rodilla y sosteniéndose con su espada. Sus amigos se habían unido a él. Todos miraban angustiados hacia la puerta, que permanecía cerrada. Nadie se atrevía a moverse.

Después de unos instantes, que parecieron horas, la puerta se abrió lentamente. Apareció Klundia.

-          Muy bien caballeros – dijo con voz serena -  La reina acaba de realizar un enorme esfuerzo y necesita un poco de descanso, así que os agradeceremos que dejéis de hacer ruido.

Todo el mundo se quedó boquiabierto.

-          Además, – dijo mirando al Capitán – creo que necesitáis un buen baño amigo Trueno ¿Qué pensará el bebé de su padre si os ve con este deplorable aspecto?

Klundia dio media vuelta y se dirigió de nuevo a las habitaciones de Sigrid. Antes de cerrar la puerta se giró.

-          Por cierto, el niño es fuerte como su padre.

X


La invasión dejó la isla prácticamente devastada. La lucha había sido terriblemente dura y cruel en todos los frentes.
Los hombres de Gundar, gracias a la estratagema de Crispín, habían logrado hacer retroceder a los prehistóricos y echarlos finalmente de la isla.
Cunegunda junto a Goliath y los hombres de Scandia, después de denodados esfuerzos consiguieron vencer a los asaltantes del castillo.
El valle, cercano a Sigridsholm, donde se había desarrollado la batalla principal, estaba cubierto de cadáveres.

Lo poco que quedaba del ejército de Gudrun, inició una rápida retirada. Nadie impidió su huida ni se ensañó con ellos.

En realidad, el único vencedor fue, la muerte.

Durante los días siguientes se dispusieron los correspondientes ritos funerarios.
Enormes embarcaciones ardían en el mar de Thule con los cuerpos de los hombres que habían luchado en la isla. No se hizo distinción de vencedores ni vencidos. A todos ellos se les rindieron los mismos honores. Habían muerto en combate con la espada en la mano. El Walhalla, les esperaba a todos.



La mayoría de los habitantes de la isla se habían congregado en la enorme planicie que se abría delante del castillo de Sigridsholm, para saludar y vitorear a sus heroicos defensores.
En el centro de la plaza se había habilitado una especie de estrado en el que se hallaban los defensores de Thule. A la izquierda Gundar, con un brazo en cabestrillo, junto a su esposa Zaida y sus dos hijos. A continuación Cunegunda de Scandia y Einar de Nordia. A la derecha estaba Klundia, la hechicera, y el consejo de ancianos de Thule.
En el centro, presidiendo el grupo, se hallaba la reina Sigrid sentada en un sencillo sitial con un bebé en brazos. De pié a su lado el Capitán Trueno y, cerrando el grupo sus dos inseparables amigos, Goliath y Crispín.

Los vítores se repartían hacia unos y otros.

La reina se levantó lentamente y puso a su hijo en manos del Capitán. Éste lo levantó en alto.

En toda la isla resonó el nombre de su futuro rey: ¡RAGNAR DE THULE, el hijo del CAPITÁN TRUENO.


CONTINUARÁ...




EPÍLOGO


En un lugar remoto de la galaxia, una enorme colisión de asteroides conmocionó el espacio. Los millares de fragmentos producidos a consecuencia del choque se dispersaron en todas direcciones.
Algunos de ellos viajaron por el espacio durante millones de años hacia el tercer planeta de un lejano sistema solar, ocasionando una espectacular lluvia de meteoritos.
Los primitivos habitantes del lugar observaron atemorizados el fenómeno, y un temor supersticioso se apoderó de ellos cuando vieron que uno de los enormes fragmentos brillaba con una luz especial.

Aquel singular fenómeno iba a tener terribles consecuencias.

¿Qué relación tendrá todo esto con El Capitán Trueno y sus amigos?

Atención al próximo relato:



“¡EL FUEGO DE LOS DIOSES!”






                                                                                            Joan Carles Franquet

                                                                                                 La Coma – Teià
                                                                                                   Estiu de 2006
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